
Era sábado, y como cada sábado yo estaba en aquel local de mala muerte donde la máquina de pinball tiene mi record marcado tres veces.
Deje a los chicos bailando una canción de ska-p y yo salí a tomar el aire.
José, el portero del susodicho sitio, me miro de reojo y me saludo con dos besos en la mejilla. Le ofrecí un cigarro y como cada sábado nos pusimos a hablar de política, de paro y de su hija Susana. "Ahora se esta sacando el carnet" me dijo.
La conversación se detuvo unos instantes; un grupo de chicas quería pasar y José les pidió los carnets. Una de ellas me era familiar.
- Anda, Vero.
Era una compañera de clase, no recordaba su nombre.
La salude con desgana y ella me pregunto que tal me iba.
- Bien -le dije- se me hace raro verte por aquí.
- Lo raro es verte a ti por aquí. No te he reconocido por un instante, no me pegas nada en estos ambientes.
Mi cara expreso un "¿De qué me estas hablando?" que ella tradujo rápidamente.
- Ya sabes, siempre que te veo en clases eres tan callada y educada... no te lo tomes a mal, pero pensaba que no tenias demasiados amigos.
José se empezó a reír por lo bajo.
- Bueno, nos vemos el Lunes. Chao.
Entro con su minifalda de lentejuelas a aquel antro, junto con sus amigas oxigenadas, a las cuales mis chicos ya estaban tirando los tejos como lobos en celo.
- ¿Callada y educada?¿En serio? -me dijo José.
- Habría que verte a ti un jueves cualquiera...
- Anda, vamos. Te invito a un chupito.
